Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino


Ítaca

«Cuando emprendas el viaje a Ítaca
desea que el camino sea largo,
que esté repleto de aventuras y experiencias.
No temas a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al encolerizado Poseidón.
Nunca encontrarás en tu camino nada semejante,
si tu pensamiento es elevado, si una emoción
selecta roza tu espíritu y tu cuerpo.
No encontrarás a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al feroz Poseidón,
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los erige ante ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de estío
en las que entres -¡con qué placer y con qué alegría!-
en puertos nunca vistos.
Que te detengas en los mercados fenicios
y compres excelentes mercancías,
nácar, corales, ámbar, ébano
y todo tipo de perfumes voluptuosos,
la mayor cantidad posible de perfumes voluptuosos.
Que visites muchas ciudades de Egipto.
Que aprendas y aprendas de los sabios.

Lleva siempre a Ítaca en tu mente.
Tu destino es llegar a ella.
Sin embargo, no realices el viaje con prisa alguna.
Es mejor que dure muchos años
y que, anciano al fin, arribes a la isla,
rico por todo lo que conseguiste en el camino
sin esperar que Ítaca te conceda riquezas.

Ítaca te concedió el hermoso viaje.
Sin ella, no te hubieses puesto en camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la encuentres pobre, Ítaca no te engañó.
Con lo sabio que te has hecho, con tanta experiencia,
habrás comprendido, al fin, qué significan las Ítacas».

Constantino Cavafis.
Traducido por José A. Moreno Jurado.