Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Morris Lessmore

«Piensas también en la necesidad que tienen algunos grandes lectores como Vogli de convertirse en escritores. Es un error, una torpeza; aunque te guste contemplar el planear de las grandes aves, no es necesario lanzarse al vacío para intentar volar como ellas». 
Ricardo Reques, La rana de Shakespeare.
Lisa Aisato

«Dentro de un cuento, naturalmente, había algunos ruidos, que el niño oía con la imaginación: las palabras de los personajes, el canto de las sirenas, las voces lejanas de los marineros y, sobre todo, el trajín de las olas. Fuera del cuento había también otros ruidos, como por ejemplo las campanadas del reloj, el piar de los pájaros y, sobre todo, el rumor de las hojas del evónimo que parecía sumarse al relato con sus cuchicheos y sus repentinos silencios».

Luis Landero, Entre líneas: el cuento o la vida.
vanessa.ho.fine.art. photography

«Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos».

Jorge Luis Borges, Los espejos.
Shao Feng
«En 1844, en el pueblo de Concord, otro de sus amanuenses había anotado: “Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo caballero omnisciente” (Emerson: Essays, 2, VIII). Veinte años antes, Shelley dictaminó que todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir, son episodios o fragmentos de un solo poema infinito, erigido por todos los poetas del orbe (A Defence of Poetry, 1821)».

Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones.
Leonora Carrington, Laberinto.

«El laberinto burocrático, al final, resulta ser un laberinto sin salida».

Sara Mesa, Silencio administrativo.

Vladimir Kush

«Y pensé que hubiera sido mejor leer esa velada o, llegado el caso, la noche entera a Pascal o Gogol o Dostoyevski o Chéjov que ir a aquella repulsiva cena artística de la Gentzgasse».
Thomas Bernhard, Tala.
Traducido por Miguel Sáenz.
Milan Vopalensky

«¿Era capaz de ser feliz en soledad? No lo creía. ¿Era capaz de ser feliz en general? Creo que es la clase de preguntas que más vale no hacerse.

Michel Houellebecq, Serotonina.
Traducido por Jaime Zulaika.

«—La filosofía es un invento de los ricos —objetó con profunda convicción—. Y todo lo demás también son inventos: la religión, la poesía… ¡Oh, doncella, cuánto sufro! ¡Ay, mi pobre corazón desdichado! Ahora bien, la amistad es otra cosa. Sí, la amistad y la música son otra cosa».
Vladimir Nabokov, Desesperación.
Traducido por Enrique Murillo.
Gabor Dvornik, The village.

«Éstas son vicisitudes de la mañana, imágenes que sueñas mientras la ola final te arroja sobre la arena bajo la luz radiante y la sequedad del aire. Recuerdas la presión, el sueño curvo en el que te apoyabas, blando, como un molusco dentro de la concha. Pero el aire te endurece la piel; te levantas, abandonas la orilla iluminada para explorar algún sombrío acantilado y, de pronto, te encuentras perdido tierra dentro, entre la fronda, con actitud decidida y sin memoria».

Annie Dillard, Una temporada en Tinker Creek.
Traducido por Teresa Lanero Ladrón de Guevara.
Ravshaniya Azoulay

«Nosotros no vamos, somos llevados, como las cosas que flotan, ya dulcemente, ya con violencia, según que el agua se encuentra iracunda o en calma».
Michel de Montaigne, Ensayos.



Vladimir Kush

«Tiene un hall con bibliotecas inagotables y deficientes: no hay más que novelas, poesía, teatro (si no se cuenta un librito —Belidor: Travaux-Le Moulin Perse, París, 1937— que estaba sobre una repisa de mármol verde y ahora abulta un bolsillo de estos jirones de pantalón que llevo puestos. Lo tomé porque el nombre “Belidor” me pareció extraño y porque me pregunté si el capítulo de Moulin Perse no explicaría ese molino que hay en los bajos)».
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.

 
Sebastian Fleuret

«Recuerdas que la poeta Marianne Moore dijo algo así como que la poesía es un jardín imaginario con sapos reales sobre él; una metáfora que después utilizó Truman Capote para hablar de sus miedos. Y ahí estás tú, con tus neuronas abiertas como paraguas y con sapos reales caminando pesadamente sobre un inmenso jardín que solo cabe en tu imaginación».
Ricardo Reques, La rana de Shakespeare.
Egon Schiele, Casa con tejas, 1915.

«No iba a poder olvidar: ni lejos, ni cerca. Mejor ponerlo todo en “orden”, mejor vivir mi duelo en el lugar donde siempre había sido feliz».

Mary Ann Clark Bremer, Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos.
Traducido por Hugo Bachelli.
Dori Serrano, La isla de Nosedónde.

«Queequeg era nativo de Rokovoko, una isla muy lejana hacia el oeste y el sur. No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca».
Herman Melville, Moby Dick.

Traducido por José María Valverde.

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«A lo largo del día siguiente me acompañó una impresión de ligereza sobrenatural. Estaba convencido de que si me arrojara por el balcón planearía, sería un acróbata del aire, como los vencejos, a los que les divierte perseguirse al atardecer entre tenderos, chimeneas y cables eléctricos».
Juan Gracia Armendáriz, Guía de extraviados.

Tatyana Chaiko

«No conozco sensación más placentera que la de leer un buen poema, escuchar música o mirar una pintura bella. Ese es el único significado de todo, el lugar del que fuimos expulsados y que nos pasamos toda la vida buscando».
Sònia Hernández, El hombre que se creía Vicente Rojo.

 Etsy

«El duradero proceso de la cristalización, que había transformado la rama muerta en una verdadera maravilla, le parecía a Beyle, como él mismo explica, una alegoría del crecimiento del amor en las minas de sal de nuestras almas. Durante mucho tiempo estuvo intentando seducir a Mme. Gherardi en cuanto al valor de esta analogía».
W.G. Sebald, Vértigo.

Traducido por Carmen Gómez García.

Erik Johansson

«Hay momentos misteriosos, y ese fue uno de ellos. Como un escritor que lee su obra mil veces, examinando y poniendo a prueba cada sílaba, y al final no es capaz de decir si es bueno o no este jaspeado de palabras, lo mismo me ocurrió a mí, lo mismo…».
Vladimir Nabokov, Desesperación.

Traducido por Enrique Murillo.
Vladimir Kush

«Sólo pude encontrar un camino cierto en el campo minado de la imitación cuando empecé a descubrir los gustos y ardides que acompañan a las asociaciones de palabras. Al fin resolví que si uno va a pisar una mina, mejor que lo haga por cuenta propia. Volar, por así decir, por las propias delicias y desesperanzas».
Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir.

Traducido por Marcelo Cohen. 
freeimages.com

«Sí, sí, y yo la perseguiré al otro lado del cabo de Buena Esperanza, y del cabo de Hornos, y del Maelstrom noruego, y de las llamas de la condenación, antes de dejarla escapar!».
Herman Melville, Moby Dick.

Traducido por José María Valverde.
vanessa. ho. fine. art. photography

«No consigo ser natural delante de un espejo; no consigo ser natural en ningún sitio, pero en esa situación todavía menos. Me aproximo a mi reflejo como un actor saliendo al escenario. ¿No os sucede a todos? Es cierto, en algunas ocasiones, de manera casual, en una espontánea ojeada me sorprendo en el escaparate de las tiendas en días soleados o en un espejo en sombras en el rellano de una escalera o incluso en mi propio espejo de aumento cuando me afeito por la mañana, atontado por el sueño o aún ebrio de la noche anterior. Qué inquieto parezco entonces, qué receloso, como alguien sorprendido mientras comete un acto vil y bochornoso».
John Banville, La guitarra azul.

Traducido por Nuria Barrios.



Nicoletta Tomas Caravia

«En última instancia, lo esencial de la literatura es el artificio».
George Steiner, El silencio de los libros.
Traducido por María Condor.

Lemyre Art

«Desde que una vez vivió convencido, durante casi un año, de que había perdido el habla, cada frase que el escritor anotaba, y con la que incluso experimentaba el arranque de una posible continuación, se había convertido en un acontecimiento. Cada palabra no pronunciada pero hecha escritura traía las demás, y él respiraba sintiéndose de nuevo unido al mundo; únicamente con uno de esos apuntes logrados, empezaba el día para él, y entonces se encontraba a salvo, o así lo creía, hasta la mañana siguiente».
Peter Handke, La tarde de un escritor.


Traducido por Isabel García Wetzler.
Paul Gauguin, D'où venons-nous ? Que sommes-nous ? Où allons-nous ? 1897.


«Todos hemos nacido de la semilla celeste; todos tenemos el mismo padre, de quien la tierra, la madre que nos alimenta, recibe gotas de límpida lluvia para producir, pletórica, el dorado trigo, y los árboles frondosos, y la raza humana, y todas las estirpes de animales salvajes, ofreciéndonos los alimentos con los que nutrimos nuestros cuerpos, para prolongar la dulce vida y propagar la especie».

Lucrecio, De rerum natura.


Traducido por Eduard Valentí Fiol.
Norman Cabezas

«Y así siguieron durante un buen rato, hablando unas veces de las cartas y otras de mí, como si yo no estuviera presente, como si solo fuera una sombra, un fantasma, un imbécil; y esa antigua broma suya, que hasta entonces me había dejado indiferente, me pareció ahora estar cargada de significado, como si en efecto solo mi reflejo estuviera allí, y mi verdadero cuerpo se encontrara muy lejos». 
Vladimir Nabokov, Desesperación.
Traducido por Enrique Murillo.
Exequias, Aquiles y Ayax jugando a los dados.

«Una cosa está clara. Cuando construyó para mí, cuando me obligó a analizar gramaticalmente y a memorizar la afirmación de Aquiles de que los hombres (y las mujeres), por más extraordinariamente dotados que estemos, por más necesarios que seamos, debemos morir (a veces muy jóvenes y de manera absolutamente inútil o injusta); cuando me hizo reparar atentamente en el axioma de Aquiles de que la mañana, la tarde o la noche de nuestra muerte están ya escritas, mi padre pretendía ahorrarme ciertas estupideces».
George Steiner, Errata.

Traducido por Catalina Martínez Muñoz.
Christian Weiss

«Me había sentido maldita. Una mujer rimbaud hermana de sangre del poeta.
Incluso me había sentido orgullosa de no tener, como escribiera el propio Rimbaud, “país ni amigos. ¡Qué tontería! ¡Y hasta ahora no me he dado cuenta!”
Yo tampoco me había dado cuenta».
Mary Ann Clark Bremer, Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos.

 Traducido por Hugo Bachelli.
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«El resistente se resiste al dominio y a la victoria del egoísmo, a la indiferencia, al imperio de la actualidad y a la ceguera del destino, a la retórica sin palabra, al absurdo, al mal y a la injusticia».
Josep María Esquirol, La resistencia íntima.
Domenico di Michelino, La Divina Commedia di Dante (1465).

«A la verdad aguza bien los ojos,
lector, que el velo ahora es tan sutil,
que es fácil traspasarlo ciertamente».
Dante Alighieri, La divina comedia.
Paul Henry, Landscape with Cottage

«Estuvieron deambulando un tiempo con pequeños cuadernos de color negro por toda la comarca antes de que la gente descubriera que no se trataba de policías, sino de caballeros que querían conocer el gaélico de nuestros mayores y antepasados. Cada año que pasaba se hacía más numerosa esta grey. Pronto estuvo toda la región salpicada de ellos. Con el paso del tiempo la gente llegó a calcular el comienzo de la primavera, no por la primera golondrina, sino por el primer gaelicista que se veía en los caminos».

Flann O´Brien, La boca pobre (El consumo de patata en Irlanda).

Traducido por Antonio Rivero Taravillo.
 Justin Peters

«Si el mundo es un pulular de efímeros cuantos de espacio y de materia, un inmenso juego de construcción de espacio y de partículas elementales, ¿qué somos nosotros? ¿También estamos hechos sólo de cuantos y de partículas? Pero, entonces, ¿de dónde viene esa sensación de existir de manera singular y en primera persona que experimenta cada uno de nosotros? Entonces, ¿qué son nuestros valores, nuestros sueños, nuestras emociones, nuestro propio saber? ¿Qué somos nosotros en este mundo inmenso y rutilante?».
Carlo Rovelli, Siete breves lecciones de física.
 Traducido por Francisco J. Ramos Mena.
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«Cuando vi cómo dibujaba su nerviosa mano, se apoderó de mí una extraña sensación. Me di cuenta de que aquella línea que trazaba mi padre con el bolígrafo se quedaría en ese atlas para siempre.
Pero, al mismo tiempo, me daba cuenta de que mi padre no estaría siempre ahí, que la marca en el libro perduraría, pero él no. Sentí terror, miedo de perder a mi padre».
Kirmen Uribe, Bilbao-New York-Bilbao.

Mark Summers, Moby Dick.

«¿Cómo puede el prisionero llegar fuera sino perforando a través de la pared? Para mí, la ballena blanca es esa pared que se me ha puesto delante. A veces pienso que no hay nada detrás».
Herman Melville, Moby Dick.

Traducido por José María Valverde.

Marta Quattrocchi.

«El cansancio les da el compás a los solitarios distraídos. Philip Marlowe —otro detective privado—, al resolver sus casos, cuantas más noches pasaba sin dormir, mejor detective y más sagaz se volvía. Ulises, cansado, ganó el amor de Nausícaa. El cansancio te rejuvenece, te da una juventud que nunca has tenido».

Peter Handke, Ensayo sobre el cansancio.

Traducido por Eustaquio Barjau.

Victoria Audouard, Girl and a mirror. 

«Escribir bien, la única obligación posible para quien escribe su autobiografía: solo escribir bien puede disculpar la evocación de una vida absolutamente común».
Pedro Ugarte, Lecturas pendientes.
Katie Mack Photography

«Le gusta contarles historias de luciérnagas. Las muchachas inglesas no saben nada de las luciérnagas, que es todo lo que Slothrop sabe con seguridad de las muchachas inglesas».


Thomas PynchonEl arco iris de gravedad.

Traducido por Antoni Pigrau.

Peter Stengel

«Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de tinta y de papel, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas actuaciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía».
José Saramago, El cuaderno del año del Nobel.

Traducido por Antonio Sáez Delgado.
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«Insisto: un pesimismo sustancial que podía llevar o no a la desesperación, pero que era mágico y visionario. Vivido y no escrito. Completamente patético, aún no explotado, aún no explicado en la pizarra de la literatura oficial».
Pierre Minet, La derrota (confesiones).
 Traducido por Julio Monteverde.
Lyrebird, Iluka Art

Collage
«Por qué esa mano esos ojos de la elocuencia
Los grandes errores de ambos sexos
Las bodas del oro en relación
La solicitud la nieve sobre los pájaros
Sobre todo también la voz del pájaro-lira?».
Jorge Cáceres, René o la mecánica celeste.
George Clair Tooker

«Todos estamos tumbados en una cuna que se mueve suavemente, y hay una voz que susurra al oído del mundo: “Duerme, duerme tranquilo, que nosotros te gobernaremos. Sobre todo no sueñes, no sueñes, no sueñes, no sueñes…”. Y nosotros, obedientes, dormimos y no soñamos».
José Saramago, El cuaderno del año del Nobel.

Traducido por Antonio Sáez Delgado. 

Remedios Varo, Planta insumisa, 1961.


Amor y amistad

«El amor es como el rosal silvestre,
pero la amistad es como el acebo.
Éste es fosco cuando el rosal florece.
Mas ¿cuál de ambos florecerá más tiempo?

Dulce es la primavera del rosal,
la flora de su estío aroma el aire,
mas cuando invierno torne una vez más,
¿quién habrá ya que su hermosura alabe?

Desprecia las guirnaldas de las rosas,
ten tu adorno en el lustre del acebo,
que, al cubrirte diciembre con sus sombras,
aún seguirá verde tu aderezo».
Emily Brontë, Amor y amistad.
Traducido por Antonio Rivero Taravillo.
Jia-Ma
«¿Por qué las inmensas bibliotecas de Occidente descansan sobre los hombros de dos hombres que no dejaron escritos a su paso, Sócrates y Jesús? ¿Cuál es la diferencia entre la sabiduría que no escribe y la inteligencia que llena las bibliotecas a favor o en contra de la sabiduría?
Mircea Cărtărescu, Un escritor (El ojo castaño de nuestro amor).

Traducido por Marian Ochoa de Eribe.
Kazumi Miyamae


Don de la ebriedad
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
Claudio Rodríguez.
Jia-Ma
«Al cabo de muchísimo tiempo, nací en el mundo en el que estaba llamado a ser escritor, mi mundo y el tuyo, el del que lee estas líneas. Nuestro mundo familiar y cruel en el que sin embargo, a lo largo de los años y las décadas que he atravesado en el camino melancólico de la vida, he encontrado a veces una mano caritativa que hace girar, entrada la noche, la llavecita entre los omóplatos».
Mircea Cărtărescu, La chica del borde de la vida (El ojo castaño de nuestro amor).

Traducido por Marian Ochoa de Eribe.
The flower in the asphalt

Al borde de la vida
«Hay una grieta más en el asfalto —dice ella—
que aspira a convertirse en un gran bosque
y dar sombra a los grillos.
Un trozo de calzada
como un río en mitad de un parque mustio
que traza su intención en una línea verde
sobre el gris oscuro del cemento.
Milagro es esa flor que está creciendo
mientras todos los coches la adelantan
con un rugir de selva entre sus pétalos.
Milagro es la fisura de los cimientos:
el desgarro original de las especies».

María Alcantarilla, La edad de la ignorancia.
Redmer Hoekstra, Frog-City.

«El mundo es del tamaño de lo que recorres, su extensión se limita a lo que has visto y vivido; pero no es todo lo que recorres, solo lo que recuerdas de ese recorrido».
Ricardo Reques, La rana de Shakespeare.
Coco Capitán, Blue-sky-02.

«Ya iba a escribir: ¡Solo palabras! ¡Pero no! Yo creía fervientemente en ellas. Y precisamente lo que hacía era acariciar mi conciencia».

Pierre Minet, La derrota (confesiones).
 Traducido por Julio Monteverde.

Adam Bird
«Escribe en su diario: a veces una línea, pero otras varias páginas, párrafos y párrafos enteros acerca de una vida inventada, una vida donde nadie la llama cara de pan, donde Marga no es una compañera que la acosa, ni su hermano es el hermano que se largó, ni el amigo de su hermano es quien se refirió a ella diciendo la pobre, ni el Viejo es el Viejo que acaba de cruzar el seto y mira hacia arriba, a través de sus prismáticos, arrugando los ojos, tratando de identificar qué tipo exacto de cotorrita es la que se ha posado en la rama más alta del olmo siberiano».
Sara Mesa, Cara de pan.

Kilian Schönberger

Ovejas en la niebla
«Las colinas ponen pie en la blancura.
Alguien o estrellas
me mira con tristeza: los estoy defraudando.

El tren deja un trazo de aliento.
Oh demorado
caballo del color de herrumbre,

cascos, campanas dolorosas…
La mañana
se pasó la mañana oscureciéndose,

flor suprimida.
Los huesos se me apropian de una quietud; lejanos
campos me funden el corazón.

Amenazan
Con llevarme hasta un cielo
sin estrellas ni padre: agua lóbrega».

Sylvia Plath, Ariel.
Traducido por Ramón Buenaventura.