Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Alireza Darvish

«Me dan miedo esas grandes palabras —dijo Stephen— que nos hacen tan infelices».
James Joyce, Ulises.
Traducido por José María Valverde.
Paul Delvaux, Le Balcon. 1948.

«Es devastador comprender que una mujer no nos ha dado nada en realidad cuando creíamos que nos lo ha dado todo, vernos obligados a reconocer que está tan alejada de cualquier distancia alcanzable justo cuando pensábamos que nos habíamos acercado a ella».
Sabahattin Ali, Madona con abrigo de piel.
Traducido por Rafael Carpintero Ortega.
Katharina Jung

«¿Sabía usted que hay barcos de carga en los cuales, a cambio de mil pesos, lo llevan y lo traen a usted de Buenos Aires a Estocolmo? ¡Tardan tres meses en total! (Horribles, esos transatlánticos que hacen el viaje en cuatro días…)».
Julio Cortázar, Carta a Luis Gagliardi, 4 de enero de 1939.

Katharina Jung

«Viajamos con las nubes que se disgregan y oscurecen, cambiamos con ellas sin darnos cuenta, a tenor de su frágil dibujo condenado a la agonía antes de que nadie lo haya entendido. En las nubes, y nunca en los papeles, está el jeroglífico verdadero».
Carmen Martín Gaite, Nubosidad variable.


 Taylor Marie McCormick

«Los sueños tienen la capacidad de iluminar lo absoluto de las cosas que nos importan».

Julio Jurado, Traspiés voluntarios.

Lianne Viau, Sleepy. flickr.

«Se tendió en la cama. La tristeza, como si fuera un ser viviente, se posó en su pecho y le clavó las garras en el corazón. Así permanecieron ambos, estrechamente unidos, mientras fuera, en el jardín, caían gruesas gotas de nieve derretida, y todo era claridad, luz radiante».
Leonid Andréjev, Los espectros.
Traducción de Nicolás Tasin.
Stockfotos und lizenzfreie Bilder auf Fotolia.com - Bild 195982512

«El librero estaba fumando el calumet de la paz sentado sobre las obras completas de Jules Romains, quien las concibió especialmente para este fin».
Boris Vian, La espuma de los días.
 Traducido por Luis Sastre Cid.
Henri J., Rousseau, Monkeys in the Jungle. 1910.

«No albergaba ninguna duda de que, con tiempo, los humanos podríamos crear una sociedad moral. El problema era, y yo lo sabía demasiado bien, que el tiempo se estaba acabando».

Jane Goodall, Gracias a la vida.

@pawel_kuczynski1

«Puede parecer paradójico, pero he buscado siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces. Las ideas o frases adquieren otro sentido al ser glosadas levemente retocadas, situadas en un contexto insólito».

Enrique Vila-Matas, Marienbad eléctrico.
 Pau J. detalle de la portada de La rana de Shakespeare.


«Un viejo estanque
salta una rana,
ruido de agua».

Matsuo Bashō


Traducido por Octavio Paz

Alex Benetel

«No, no había méritos en la soledad si la soledad era un refugio de una cobarde. Fue ahí, recién ahí, cuando me sentí sola. Realmente sola. Sola y sin discurso. Sola y sin proezas, sin superstición. De todo aquel tiempo lo que quedó fue la humildad. Una humildad que jamás se iría, una humildad como frontera».

Carmen M. Cáceres, Un verdad improvisada.
Paul Delvaux, Le Salut. 1938.
Hagamos un trato
Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
                es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Mario Benedetti, El amor, las mujeres y la vida.
Dorothea Tanning, Eine Kleine Nachtmusik.1943.

«Los argumentos a favor y en contra son los que componen la historia. O bien impones tus ideas o bien te las imponen. Nos guste o no, esa es la disyuntiva. Siempre hay fuerzas enfrentadas y, por ello, a menos que se tenga un gusto desmesurado por la subordinación, uno siempre está en guerra».

Philip Roth, El animal moribundo.

Traducido por Jordi Fibia.
Natán Altman, Retrato de Anna Ajmátova. 1914.

A Anna Ajimátova
«Sobre la nieve de mil novecientos todo es deambular y enterrar amigos.
Los lobos aúllan bajo las torres de Kremlin.
Moscú. Negrura. Ventisca de Siberia a orillas del Neva.
En una matrioshka: las botas del zar, el silbido de las locomotoras y la nueva patria.
Desnudo rojo con los brazos abiertos.
Por el infinito cuello que amó Modigliani arden los bosques de San Petersburgo.
Y de sus labios. Réquiem por los callados muertos.
Las hojas amarillas se aferran a los delgados árboles.
Pasan los días, luminosos a ras de tierra.
Y danzan entre brumas las almas en el parque de los zares.
Invicta a través de los años, Anna».

Paqui Jiménez Yepes.


Amedeo Modigliani, Le Grand Nu. 1917.

Soledad multiplicada

En la noche
siento que avanza el mundo como amor de un cuerpo,
como la pobre vida, combatida y cansada
aún encuentra en la noche la ceguedad del cuerpo,
la ternura del cuerpo
queriéndose, buscando
en quién querer, con manos
deslumbradas y humanas.

Todavía, mientras dura la noche,
mientras la soledad, tan tuya,
y la inmensa tristeza, sedienta y sin sosiego
de los que multiplican tu soledad en el mundo
funden una tiniebla sola,
todavía algo queda en el alma,
y si aprietas los ojos
por despertar, por no creer la sombra,
aún fragmentos de aurora la sangre te daría.

Eugenio de Nora, Cuaderno de poesía social, 91.
Alexej Ravski.

«En su juventud, el hombre de genio va por el mundo pidiendo continuamente perdón por su talento. No es extraño que, más tarde en la vida, tienda a huir de los idiotas y de los pelmas».

F. Scott Fitzgerald. Sobre la escritura.

Traducido por Pablo Sauras.
Antonio Mora

«Y el atributo que distingue lo trivial, la obra efímera, ya sea en la música, en la literatura o en las artes, consiste en que puede clasificarse y comprenderse de una vez por todas».

George Steiner, Errata.

Traducido por Catalina Martínez Muñoz.
Michael Cheval

«Es mejor, me dijo, convertirse en abeja y construir su casa con inocencia que reinar con los dueños del mundo y aullar con ellos como los lobos, mejor que domesticar pueblos y ensuciarse las manos en esa materia impura».
Friedrich Hölderlin, Hiperión.

Traducido por Jesús Munárriz.
Katharina Jung

«Vivo más dentro de mi cabeza que en el mundo, Para mí, la vida real no es más que un sueño desagradable».
Sabahattin Ali, Madona con abrigo de piel.

Traducido por Rafael Carpintero Ortega.

Banana Republic Images

«No estás verdaderamente jodido mientras tengas una buena historia a cuestas y alguien a quien contársela». 

Alessandro Baricco, Novecento.
Pablo Picasso, Mujer desnuda, 1941.

«Y en cada uno de nosotros duerme un extraño de rostro desconocido, que habla con nosotros por medio del sueño y nos hace saber cuán diferentes son la visión que tiene de nosotros y aquella en la que nos complacemos».
Carl Gustav Jung, Los complejos y el inconsciente.

Traducido por Jesús López Pacheco.
Paul Delvaux, Pygmallion. 1939.

«Lo más probable es que no tengas la clase de talento que madura muy rápido. La mayoría de mis contemporáneos no empezaron a escribir a los veintidós años, sino alrededor de los veintisiete o los treinta o incluso más tarde, y se dedicaron hasta entonces al periodismo, a la enseñanza, a navegar en una goleta o luchar en alguna guerra. El talento que madura pronto suele ser el poético, y el mío lo es en gran medida. El talento para la prosa depende de otros factores: hay que saber asimilar y elegir con cuidado el material literario o, para decirlo sin rodeos, tener algo que decir y un modo interesante y muy refinado de decirlo». 
F. Scott Fitzgerald. Sobre la escritura.
 Traducido por Pablo Sauras. 
Ben Goossens

   «—Pues le he oído contar a Manuel Machado, el poeta, el hermano de Antonio, que una vez le llevó a don Eduardo Benoit, para leérselo, un soneto que estaba en alejandrinos o en no sé qué otra forma heterodoxa.
   Se lo leyó y don Eduardo le dijo: "Pero ¡eso no es soneto! ..." "No, señor le contestó Machado, no es soneto, es... sonite". Pues así con mi novela, no va a ser novela, sino... ¿cómo dije?, navilo... nebulo, no, no, nivola, eso es, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place».

Miguel de Unamuno, Niebla.
Sarolta Bán

«Henri Akoka era judío pero su religión no era el judaísmo, sino Shakespeare y Joyce, Montaigne y Rabelais, que citaba de memoria pese a carecer de estudios».
Mario Cuenca Sandoval, El don de la fiebre.

Kathy Chareun 

«Me gustó su respuesta, quizás porque me recordó que, cuando termino una novela, me gustan que me pregunten si estoy seguro de que se trata de una novela. Me gusta sentir que he hecho algo que se ha situado en los límites al buscar profundizar en las posibilidades, que sé amplísimas, del propio término de novela. Me gusta que se perciba que, por espurio que pareciera, no he descartado nada que tuviera posibilidades de acabar en la novela, lo que ha terminado por crear la impresión de que podría no haber hecho una novela». 
Enrique Vila-Matas, Marienbad eléctrico.
Paul Delvaux, La ventana. 1936.

«A menudo nos sentimos viciados por determinadas sintaxis y terminologías. Podríamos decir que el léxico —que algunas porciones del léxico— nos coacciona, nos obliga incluso a desfigurar una trayectoria limpia».

Francisco Ferrer Lerín, Elena Blum, (Besos humanos).


Nicole Burton

«Así terminaba el cuaderno de Raif Efendi. En el resto de las páginas no había más notas, nada escrito. Era como si, por una única vez, hubiera abierto su alma, que con tanto temor ocultaba, la hubiera volcado en las hojas de este cuaderno y luego hubiera vuelto a encerrarse en sí mismo para guardar silencio durante años». 
Sabahattin Ali, Madona con abrigo de piel.

Traducido por Rafael Carpintero Ortega.
Kyle Thompson, GhostTown

«Para escribir necesito la imposibilidad (aún cuando me gustaría) de ser molestado».
Gustave Flaubert, Cartas a Lousie Colet.

Traducido por Patricia Willson.
Taylan Soytürk, Man in the rain.

«¿Escribir acaso sería, en el libro, tornarse legible para cada cual y, para sí mismo, indescifrable?».
Maurice Blanchot, La escritura del desastre.

Traducido por Cristina de Peretti y Luis Ferrero Carracedo.


Paul Delvaux, Tramway Station, Bruselas.1940.

«Cuando una mujer me gustaba, mi primer impulso era salir corriendo. Si me la encontraba, temía que cada movimiento y cada mirada revelaran mi secreto, me convertía en el ser más miserable del mundo y me abrumaba una vergüenza indescriptible, casi asfixiante».

Sabahattin Ali, Madona con abrigo de piel.
Traducido por Rafael Carpintero Ortega.
Erik Johansson
«Hacía ya dos años que guardaba el cuaderno y nunca se atrevía a entregárselo al doctor. A menudo, en su timidez y desesperación, llamaba a la muerte. Cuando se muriese, el doctor seguramente leería lo que ella había escrito».
Leonid Andréjev, Los espectros.

Traducción de Nicolás Tasin.
Alex Benetel

«Tu inquietud me hace pensar
en las aves de paso que se estrellan
contra los faros en las noches de tormenta.
También una tormenta es tu dulzura,
se desata sin mostrarse y sus sosiegos son incluso más raros.
No sé cómo resistes
exhausta en este lago
de indiferencia que es tu corazón;
quizá te salva un amuleto
que guardas junto al lápiz de labios,
la polvera, la lima, el ratón blanco,
de marfil; ¿y así existes?».
Eugenio Montale, Dora Markus.
Traducido por Jordi Bayod. 
 René Magritte, La travesía difícil. 1926.

«Un escritor es un tipo que se quita los guantes, dobla la bufanda, menciona la nieve, nombra la guerra, se frota las manos, mueve el cuello, cuelga el abrigo, va más allá y se atreve con todo. Si no se atreve con todo, no será jamás un escritor». 
Enrique Vila-Matas, Impón tu suerte.
Kathy Chareun

«No creo en los libros, creo en las páginas, en las frases, en las líneas. Hay algunas palabras, en algunos libros, así como en un texto codificado enviado al general del campo de batalla; solo algunas que significan algo, mientras las demás, las que las rodean, son solo una cháchara sin sentido». 
Mircea Cărtărescu, Solenoide

Traducción de Marius Chivu.
Rene Magritte, The big family.1963.


Definición de poema

Un poema es el espacio en el que el aire queda atrapado
en el que se conserva el habla de las aves
y donde habita el gran rey de los desiertos
San Onofre sin duda
con la venia de Andrés de Claramonte.
Un poema es el espacio que no permite pensar en mí
sin pensar en él
que no permite expresiones como
vigilaré las obras
o este sitio no es seguro.
Un poema incomoda con la duda
a quien alimenta a las tórtolas turcas
a quien seduce incólume al emisario
a quien saluda al sargento engalanado
y a quien apacigua al gitano herbáceo.
Un poema es el conjunto de hombres displicentes
que ven en el mal ajeno un recurso recomendable
hombres displicentes diestros como nosotros
en el ejercicio de la muerte sobre las estólidas masas
ya que somos fieramente humanos
y nos bañamos en las aguas del desacuerdo
en la sangre de las citas a deshora
en la bibliofilia desaforada
y en el detalle áspero.
Francisco Ferrer Lerín, Ciudad Corvina.
Kathy Chareun

«Lo que al final queda de un hombre suma solo una parte. Un fragmento de su habla. Una parte de la oración».
Joseph Brodsky


Martin De pasquale

«No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar». 
Juan Carlos Onetti.

Nicolas Bruno

«Libertad es la posibilidad de aislarse. Si no puedes vivir solo, entonces es que naciste esclavo».

Fernando Pessoa, El libro del desasosiego.
Kathy Chareun

«Ya se sabe: las citas tienen un interés especial, ya que uno es incapaz de citar algo que no sean sus propias palabras, quienquiera que las haya escrito». 
Enrique Vila-Matas, Impón tu suerte

«Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva, sino la muerte en vida, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor».

Sergio Pitol.
Lemyre Art

«Cuando Yasintra se marchó, Heracles pudo mostrar por fin todo el cansancio que sentía: se recostó en la pared y se frotó los ojos. Necesitaba recobrar la paz de sus pensamientos, limpiar las herramientas mentales de su trabajo y volver a empezar con calma…».

José Carlos Somoza, La caverna de las ideas.
Joubert Loots
«La angustia de leer: que cualquier texto, por interesante, placentero e interesante que sea (y cuanta más impresión dé de serlo), está vacío —no existe en el fondo—; hay que flanquear un abismo y, si no se salta, no se comprende».

Maurice Blanchot, La escritura del desastre.
Traducido por Cristina de Peretti y Luis Ferrero Carracedo.

ValentinaPhotos, ID: 81806062

«Pulir. Pulirlo. Hacer
con el dolor
lo que el mar hace con las piedras.
Pulirlo hasta volverlo transparente hacerlo
joya».
Ada Salas, Callar y obrar III (Diez mandamientos).

Daniela Zékina 
«El mundo es un pasaje, y éste es nuestra vida, está en los libros. Sólo vivimos realmente a medida que leemos nuestra historia, trascendiéndola. Porque sólo la literatura es verdaderamente trascendente, nos descubre a los otros y hace que nos preguntemos cómo es posible que los signos sobre una tabla de arcilla, los signos de una pluma o de un lápiz puedan crear una persona (un Quijote, un Gregor Samsa, una Beatrice, un Jakob von Gunten, un Falstaff, una Ana Karenina,) cuya sustancia excede en su realidad, en su longevidad personificada, la vida misma».
Enrique Vila-Matas, Marienbad eléctrico.

John William Waterhouse, Mariana in the South. 1897.

«No hay nada tan fecundo como un espejo. En las noches de suerte, me devolvía mi cara como prendiéndome una condecoración: he aquí la cara que encendió mil noches, el señuelo que llevó al arcángel a tu cama, el precario instrumento con el que cazas estrellas polares. Pero a veces, a solas, el espejo clavaba mis dos ojos con alfileres, como mariposas, y me mostraba una cara a punto de naufragar en lágrimas, a punto de estrellarse contra sus propios estériles consejos, cuando estallara al fin el cataclismo que ya estaba rodando cuesta abajo hacia el presente, igual que una avalancha».

Elizabeth Smart, En Grand Central Station me senté y lloré.

Traducido por Laura Freixas.
Frans Snyders. Concierto de aves. 1630.

«Si cierra los ojos puede ver todavía su propio reflejo, el de un adolescente multiplicado en las pupilas de los pájaros, hechizado por los colores que se reparten en sus plumajes, los pechos que se hinchan y deshinchan con sus corazones latiendo como ametralladoras».
Mario Cuenca Sandoval, El don de la fiebre.

Huguette Clark 

«Se tendió en la cama. La tristeza, como si fuera un ser viviente, se posó en su pecho y le clavó las garras en el corazón. Así permanecieron ambos, estrechamente unidos, mientras fuera, en el jardín, caían gruesas gotas de nieve derretida, y todo era claridad, luz radiante».

Leonid Andréjev, Los espectros.

Traducido por Nicolás Tasin.
Terrence Drysdale

«A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco».
Michel de Montaigne



William. Turner, The Slave Ship. 1840.

No entres dócil en esa buena noche

No entres dócil en esa buena noche,
la vejez debería arder y enfurecerse al concluir el día;
enfurecerse, enfurecerse contra la muerte de la luz.

Aunque al llegar su fin los sabios sepan que la oscuridad es justa,
ya que sus palabras no desviaron el relámpago
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombres buenos, por ser los últimos, al lamentar lo mucho
que podrían haber brillado sus obras frágiles
se enfurecen, se enfurecen contra la muerte de la luz.

Los hombres salvajes, que capturaron al sol al vuelo y lo cantaron
y que aprenden, tarde, que entristecieron su camino
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombres graves, moribundos, que ven con ojos cegados
que los ojos ciegos podrían arder como meteoros y ser dichosos,
se enfurecen, se enfurecen contra la muerte de la luz.

Y tú, padre mío, desde tu altura triste,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te lo pido.
No entres dócil en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete contra la muerte de la luz.

Dylan Thomas, No entres dócil en esa buena noche.

Traducido por Ben Clark.

Jonathan Wolstenholme. The Surreal Books on Books
«Somos los libros que nos han hecho mejores».
Jorge Luis Borges