Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Mia Wasikowska interpretando a Madame Bovary (Dir: Sophie Barthes)

«La joven Emma Bovary no ha existido jamás; la novela Madame Bovary existirá siempre. La vida de una novela es más larga que la de una joven».
Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea.
Traducción de Francisco Torres Oliver.
Marc Chagall. The Rabbi. 1923-1926. Kunstmuseum, Basel.

«Ella, en una especie de éxtasis, cogía un libro de la estantería y permanecía allí, observando cómo escribía su padre, tan regular; y lo limpiamente que llegaban, de un extremo al otro de la página, los renglones».
Virginia Woolf, Al faro.
Traducción de Benjamin Briggent.
Ekaterina Zagustina

Navegando a Bizancio
I
Aquel no es un país para viejos. Los jóvenes
unos en brazos de otros, pájaros en los árboles
–esas generaciones moribundas– cantando,
cascadas de salmones y mares de caballa,
aves, peces o carne celebran en verano
cuanto ha sido engendrado, nace y muere.
Sujetos a esa música sensual todos descuidan
los monumentos de la mente inmarchitable.
II
Cosa indigna es un viejo, un abrigo andrajoso
montado en una estaca, excepto cuando el alma
bate palmas y canta, y canta con más fuerza
por cada desgarrón de su mortal vestido,
pues no hay escuela para el canto, sólo estudiar
los monumentos de su propia magnificencia.
Y por ello he cruzado los mares y venido
a la ciudad sagrada de Bizancio.
III
Oh sabios congregados en el fuego divino
tal figuras murales en un mosaico dorado.
Venid a mí del fuego, girando en la espiral,
para ser los maestros de canto de mi alma.
Purgad mi corazón; enfermo de deseo,
y uncido a un animal agonizante,
no recuerda quién es; y encomendadme
al artificio de la eternidad.
IV
Fuera de la naturaleza no tomaré mi forma
corpórea de ningún objeto natural
sino de aquellas formas que los orfebres griegos
crean forjando el oro y en oro recubriéndolas
a fin de prevenir la modorra imperial;
o ponen a cantar en un árbol dorado
ante las damas y señores de Bizancio
los hechos que pasaron, pasan o pasarán.
William Butler Yeats. 1928 (Poesía reunida).

Traducido por Antonio Rivero Taravillo.
Shutterstock.com

«Porque, ¿sabe una cosa?, todos los viajes que hacemos, incluso por esos cretinos, al final nos traen algo bueno, como un cofre de oro o una fuente de juventud o un océano o un río que nadie había visto nunca, o por lo menos un gran filete con una patata asada».
John Cheever, Falconer.

Traducción de Anibal Leal.
Jenny Le.
«La tarde anterior se había dedicado a la rutina de su labor en el aula, había corregido ejercicios y preparado las clases para la semana siguiente. Imaginaba tardes como la anterior, y otras muchas tardes, en las que estaría libre para trabajar en su libro».
John Williams, Stoner.

Traducido por Antonio Diez Fernández.
Vincent van Gogh, Snow-covered Field with a Harrow (after Millet). 1889.

«Después solo el viento y el calor del fogón. Tiritando, me ponía de puntillas. Pa se acercó y moví la escopeta para tenerlo a tiro. Seguí moviéndola de atrás adelante…Hans y Pa… Pa y Hans. Adiós. La nieve se amontonaba en las esquinas de la ventana».
William H. Gass, El chico de Pedersen (En el corazón del corazón del país).
Traducido por Rebeca García Nieto.
Logan Zillmer

«La he estado mintiendo y he estado mintiéndome. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filósofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira...».
Miguel de Unamuno, Niebla.
Thomas Barbèy, Drive Through Gallery.

«—Conozco algunos tipos que hacen chifladuras mientras conducen el camión. Recuerdo uno que solía escribir poesía. Así pasaba el rato —miró a hurtadillas para ver si Joad parecía interesado o asombrado. Joad miraba en silencio a la distancia delante de él, a lo largo de la carretera, la blanca carretera que ondeaba con suavidad, como un leve oleaje».
John Steinbeck, Las uvas de la ira.

Traducción de Ediciones Cátedra.
Vladimir Kush

Un humor de tranquila belleza
«La luz de la tarde era como miel entre los árboles
cuando me dejaste y caminaste hasta el final de la calle
donde terminaba abruptamente el crepúsculo.
El puente levadizo, similar a un pastel de boda, descendió
hasta la tímida flor del nomeolvides.
Tú subiste a bordo.
Ardientes horizontes pavimentados de pronto con piedras de oro,
sueños que tuve, incluyendo el suicidio,
soplan el globo de aire caliente y lo alejan.
Está reventando, está a punto de reventar
con algo invisible
justo durante estos días.
Nosotros escuchamos, y a veces oímos,
algo que se acerca
y hacemos que la sangre descienda, y cosas así.
Los museos se tornaron entonces generosos, y vivieron en nuestro aliento».
John Ashbery, Uncollected Poems.
Traducción de Andrés Ibáñez.
Laura Williams

«Es preciso, para la comprensión del poema, hacer la observación de que los chinos pudientes antes de irse a acostar perfuman su lecho con esencias aromáticas. El poema es, quizás, un poquillo inconveniente, pero la decencia se ve reemplazada con creces por su belleza. En fin, helo aquí:
En la noche Profunda
En la noche fría, absorto en la lectura
de mi libro, olvidé la hora de acostarme.
Los perfumes de mi colcha bordada en oro
se han volatilizado ya, el fuego se ha apagado.
Mi bella amiga, que hasta entonces a duras penas
había dominado su ira, me arrebata la lámpara
y me pregunta: “¿Sabes la hora que es?”».
Franz Kafka, Cartas a Felice (poema de Yan-Tsen-Tsai).
Traducción de Pablo Sorozábal.

 Ben Goossens

«La gente que me rodea intuye de forma instintiva que soy un enemigo y me odia: no solo por ser diferente, o por desdeñar el trabajo o, lo que es peor, por no desempeñar ninguno; sino por algo que parecería, si lo expresaran en voz alta, un conjuro; porque les robo el alma —lo sé— y juego con ellos, los uso como títeres, los hago desfilar a través de extrañas muchedumbres y pasiones, husmeo en sus raíces».
William H. Gass, La señora Ruin (En el corazón del corazón del país).
Traducido por Rebeca García Nieto.
Andrew Ferez

«Quiero decir, que si yo realmente no me dejara engañar por los miedos de tu madre, nada de esto estaría pasando. Estaría levantándome ahora, poniéndome mi bikini para aprovechar el sol de las ocho.
Sí.
Yo soy culpable también, entonces. Yo confirmo, para tu madre, su propia locura».
Samanta Schweblin, Distancia de rescate.
Piet Mondrian, The Gray Tree, 1912.

«Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchemos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquiere una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es».
Hermann Hesse, El caminante.
Traducido por Pilar Giralt.
Norvz Austria

«Aquí todo está frío, también el pasado. El pasado es lo más difícil de calentar».

Matías Candeira, Casa de nieve (Ya no estaremos aquí).
James Tissot, Young Lady in a Boat. 1870.

«Mentira la supuesta impersonalidad u objetividad de Flaubert. Todos los personajes poéticos de Flaubert son Flaubert y más que ningún otro Emma Bovary. Hasta Mr. Homais, que es Flaubert, y si Flaubert se burla de Mr. Homais es para burlarse de sí mismo, por compasión, es decir, por amor de sí mismo».
Miguel de Unamuno. Cómo se hace una novela.


«De vez en cuando, vuelvo sobre aquella repentina fuga mía sin sentido y me resulta imposible entenderla. Y como sé que jamás la sabré entender, me digo que pudo ser perfectamente el gesto que inauguró mi relación con lo incomprensible».
Enrique Vila-Matas. Mac y su contratiempo.
Norvz Austria

«Existe el cielo. Existe el agua, existen las raíces. Existe la religión, existe la materia, existe la casa. Existen las abejas, existen las magnolias, los animales, el fuego. Existe la ciudad, existe la temperatura del aire que cambia en la respiración. Existe la luz, existen los cuerpos, los órganos, el pan. Existen los años, las moléculas, existe la sangre; y existen los perros, las estrellas, las trepadoras.
     Y existe el hambre. Los nombres.
     Existen los nombres.
     Existo yo».

Giorgio Vasta, El tiempo material.
Traducido por César Palma Hunt.
Jia-Ma

«Voy pensando que un libro nace de una insatisfacción, nace de un vacío, cuyos perímetros van revelándose en el transcurso y final del trabajo. Seguramente escribirlo es llenar ese vacío».

Enrique Vila-Matas, Café Kubista (Exploradores del abismo).
Fotograma: The Pillow Book (1996). Peter Greenaway (dir). 

«En mi opinión, escribir novelas no es un trabajo adecuado para personas extremadamente inteligentes. Es obvio que exige un nivel determinado de conocimiento, de cultura y también, cómo no, de inteligencia para poder llevarlo a cabo. En mi caso particular creo llegar a ese mínimo exigible. Bueno, quizás. Si soy sincero, suponiendo que alguien me preguntase abiertamente si de verdad estoy seguro de haberlo alcanzado, no sabría qué decir».

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir.
Traducido por Fernando Cordobés y Yoko Ogihara. 
Salvador Dali, Las sombras de la noche. 1931.

«Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas».

Albert Camus.

Norvz Austria

«Mi única originalidad consiste en pensar como propias citas ajenas. En eso reside la destreza de un escritor: en que el lector piense que ha sido él el primero en decirlas».

«(Cuando regresen los bárbaros, 1944)».
Alex Chico. Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de postdatas.
Istvan Etienne Sandorfi

«El miedo a dañar a los demás, la sensualidad de las consecuencias, la consciencia del existir de otras almas ―estas cosas fueron trabas a mi vida y hoy me pregunto, de qué me sirvieron o a quiénes sirvieron. Las chicas que no seduje acabaron siendo seducidas por otros, pues acabarían de serlo por cualquiera. Donde yo fui pudoroso, los otros no lo fueron; y después de ver lo que habían hecho, lo que fue aquello, me he preguntado: ¿a qué pensar tanto si hacerlo causaría dolor?».
Fernando Pessoa, La educación del Estoico (Único manuscrito del Barón de Teive).
Traducido por Manuel Moya.

Albane Simon

«Escribir, eso sí. Escribir y escribir y escribir. La puta literatura. Qué aburridos, qué estreñidos, la verdad. Qué poca sangre, los escritores. No te fies de nadie que tiene la misma cara borracho que sobrio, Renfo».

Esther García Llovet, Cómo dejar de escribir.
Leszek Bujnowski

«Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa».

Miguel de Unamuno, Niebla.

Paul Delvaux, Woman in the Mirror. 1936.

Laberinto interior
«Con la rabia de días como lustros
lanzo una piedra inagotable
contra mi imagen fiel en el espejo.
Oigo cerca una risa
muy familiar que desconozco.
Giro a la izquierda y choco de frente contra ti.
Pero sales huyendo, diligente.
Te aguardo en la siguiente encrucijada.
Cuando acabe contigo se acabará el enigma:
ya no serás mi sombra
                                       ni yo mi propia cárcel».

Esperanza López García, Fruta madura.
Ronen Goldman

«La benevolencia es el principio de la amistad, así como el gozo de la vista lo es del amor».

Aristóteles, Ética Nicomáquea.
Traducido por Emilio Lledó 
Paul Rumsey, Library Head.

«Es peligroso y casi indecente vivir siempre pendiente de la mentira piadosa de los libros, nutrirse de ellos como un ser hambriento de realidades. A base de existir en las páginas de historias inciertas, el Lector olvidó la capacidad para extenderse hacia los márgenes más palpables de la vida».

Diego Prado, Amor de novela (Sopa de fauno).
Norvz Austria

«Apagué la luz y me eché boca arriba, con la mano entre la almohada y la cabeza, el reloj contra mi nuca, cada segundo llamando en la caja de resonancia del cráneo: el tiempo pasa. El tiempo pasa. El tiempo pasa. El tiempo pasa».

Esther García Llovet, Cómo dejar de escribir.
Beth Conklin

«Es porque tarde o temprano sucederá algo terrible. Mi abuela se lo hizo saber a mi madre, toda su infancia, mi madre me lo hizo saber a mí, toda mi infancia, a mí me toca ocuparme de Nina».

Samanta Schweblin, Distancia de rescate.
https://www.walldevil.com/wallpapers/w04/168644-box-digital-artwork-surreal-water.jpg 

Puente de Londres
                            «¿Encontraría a la Maga?
―Eres tú, amigo? ―dije.
―Deséale suerte a mi sombrero de copa.
Una dalia de cristal
trazó una línea verde en mi ojo gris.
El cielo estaba afónico como un búho de níquel.
―Adiós, amigo ―dije.
―Echa una hogaza y una yema de huevo en mi bombín.
Una bombilla guiñaba entre las hojas de acanto.
Mi corazón yacía como una rosa en el Támesis».
Pere Gimferrer.
Fernand Khnopff, Cierro la puerta tras de mí.1891. Neue Pinakothek, Múnich.

«Estar loco se dice que es haber perdido la razón. La razón, pero no la verdad, porque hay locos que dicen las verdades que los demás callan por no ser racional ni razonable decirlas, y por eso se dice que están locos. ¿Y qué es la razón? La razón es aquello en que estamos todos de acuerdo. La verdad es otra cosa. La razón es social; la verdad es individual, personal e incomunicable. La razón nos une y las verdades nos separan».

Miguel de Unamuno, Cómo se hace una novela.

Tommy Ingberg

«Por otra parte, aquella noche era incapaz de pensar demasiado, de concentrar su pensamiento en un objeto cualquiera, de resolver una cuestión con conocimiento de causa; no experimentaba más que sensaciones. La vida había sustituido al razonamiento».

Fiódor Dostoyevski, Crimen y castigo.

Martin Vlach

VI
«El mar es un olvido,
Una canción, un labio;
El mar es un amante,
Fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
Y sus aguas son plumas;
Impulsos que levantan
A las frías estrellas.

Sus caricias son sueño,
Entreabren la muerte,
Son lunas accesibles,
Son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
Las olas van gozando».


Luis Cernuda, Donde habite el olvido.
Nathan Colantonio, Riders on the storm.

«De pronto, una noche, muertos ya todos, Anatol comprendió que estaba solo, completamente solo en el mundo, y notó esa sensación de extravío que se siente cuando, en el camino, nos volvemos atrás y vemos el trecho recorrido, la vía indiferente que se pierde en un horizonte que ya no es el nuestro».

Enrique Vila-Matas, El arte de desaparecer (Suicidios ejemplares).

Christian Schloe

«...El silencio, extrañeza y vacío que envuelven a mí y a unos cuantos, lejos de entristecerme, me convence de que el binomio fidelidad / desarraigo tocante a la lengua y país de origen es el mejor indicativo de un valor estético y moral en cuya hondura no cala por fortuna el dador de homenajes. La libertad y el aislamiento serán la recompensa del creador inmerso hasta las cejas en una cultura múltiple y sin frontera capaz de trashumar a su aire el pasto que le convenga y sin aquerenciarse a ninguno».

Juan Goytisolo, Coto vedado.
Salvador Dalí. L'hirondelle immobile. 1956.

«¿Sabes por qué las golondrinas construyen sus nidos en los aleros de las casas?
Es para escuchar los cuentos».

J.M Barrie, Peter Pan
Michel Dalmedo Endless walk.

«En las noches de invierno, mientras hervía la sopa en la chimenea, añoraba el calor de su trastienda, el zumbido del sol en los almendros polvorientos, el pito del tren en el sopor de la siesta, lo mismo que añoraba en Macondo la sopa de invierno en la chimenea, los pregones del vendedor de café y las alondras fugaces de la primavera. Aturdido por dos nostalgias enfrentadas como dos espejos, perdió su maravilloso sentido de irrealidad, hasta que terminó por recomendarles a todos que se fueran de Macondo, que olvidaran cuanto él les había enseñado del mundo y del corazón humano, que se cagaran en Horacio, y que en cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tiene caminos de regreso, que toda primavera antigua es irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera».

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.
Nom Kinnear King

«Se apretó el libro contra el pecho, y luego lo devolvió a la estantería. Nadie lo sabría. Nadie sabría nunca del pequeño viaje y la aventura que acababa de vivir aquel libro».


Graham Swift, El domingo de las madres.
Traducido por Jesús Zulaika 

 
Jia-Ma

«Cuando considero la brevedad de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y en la siguiente, el poco espacio que lleno o incluso que veo, abismado en la inmensidad infinita de espacios que ignoro y que me ignoran, me asusto y me asombro de verme aquí y no allí, porque no hay razón alguna para estar aquí y no allí, porque el presente es antes que el entonces. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por mandato y voluntad de quién me han sido destinados este lugar y este tiempo?».

Pascal, Pensamientos.
Traducido por Rafael Gómez Pérez 
Paul Delvaux, El tren azul, 1946

«Tú, quienquiera que seas, que me tienes ahora en tu mano,
Sin una cosa todo será inútil,
Antes que pretendas más de mi te advierto honradamente,
No soy lo que pensabas sino muy distinto.
¿Quién es el que se haría seguidor mío?
¿Quién se suscribiría candidato a mi afecto?
La senda es sospechosa y el resultado incierto, destructivo tal vez,
Habrías de renunciar a todo, yo sería tu única y exclusiva norma,
Tu noviciado sería largo y agotador,
Toda pasada teoría de tu vida y toda conformidad con las vidas que te rodean tendrían que ser abandonadas,
Déjame pues ahora, no te incomodes más, quita tu mano de mi hombro,
Déjame y sigue tu camino».

Walt Whitman, Hojas de hierba.
Arno Rafael Minkkinen

«Quizás entonces llegar a hacer una novela es en el fondo aceptar mentir, llegar a mentir (mentir puede ser muy difícil); mentir con esa mentira segunda y perversa que consiste en mezclar lo verdadero y lo falso. En definitiva, entonces, la resistencia a la novela, la impotencia para la novela (para su práctica), sería una resistencia moral».

Roland Barthes.
Traducido por Patricia Wilson 
Martin Vlach

«Los pobres tienen mucho más tiempo que los ricos —y también más frío, más hambre, más soledad, más lluvia, más sol, más luna, más viento—...».


Álvaro Cunqueiro
Pensiero@flickr, Reading

«Los autores de cuentos y de novelas, cuando ejercen su oficio, descansan sobre una traicionera red de observaciones e invenciones. O mejor llamémoslo memoria y sugestión. La invención saquea la observación, la sugestión anula la memoria».


Cynthia Ozick, Memoria y metáfora.
Traducido por Ernesto Montequín 
Helena Georgiou

«La poesía genera preguntas, la narrativa elabora respuestas. Lo interesante del asunto es que ni la poesía espera que alguien responda, ni la narrativa espera que alguien pregunte. Es esencial comprender que nadie las ha convocado y, sin embargo, ambas son extrañamente necesarias».
«(Cuaderno de apuntes, 1980)».

Alex Chico. Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de postdatas. 

Dan Circa 

«Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y ahora querrías saber para qué sirve estar sentado,
para qué sirve estar sentado igual que un náufrago
entre tus pobres cosas cotidianas.
Sí, ahora quisiera yo saber
para qué sirven el gabinete nómada y el hogar que jamás se ha encendido,
y el Belén de Granda
– el Belén que fue niño cuando nosotros todavía nos dormíamos cantando –
y para qué puede servir esta palabra: ahora
esta palabra misma “ahora”,
cuando empieza la nieve,
cuando nace la nieve,
cuando crece la nieve en una vida que quizás está siendo la mía,
en una vida que no tiene memoria perdurable,
que no tiene mañana,
que no conoce apenas si era clavel, si era rosa,
si fue azucenamente hacia la tarde.
Sí, ahora
me gustaría saber para qué sirve este silencio que me rodea,
este silencio que es como un luto de hombres solos,
este silencio que yo tengo,
este silencio
que cuando Dios lo quiere se nos cansa en el cuerpo,
se nos lleva,
se nos duerme a morir,
porque todo es igual y tú lo sabes».
Luis Rosales, La casa encendida.
Mapamundi del Beato de Liébana. 

«La fuerza de un cartógrafo es su capacidad para mirar y elegir lo esencial. Mirar, escoger, representar: esos son los secretos del cartógrafo. Con unos pocos signos el cartógrafo ha de dar a ver un mundo. Cualquier signo vale si habla claro, el mapa debe hablar a primera vista. No lo hacemos para nosotros, sino para alguien que un día lo mirará, quizá dentro de mil años. ¿Qué queremos que él vea? Ahí aparece la cuestión de la escala. Las cosas importantes sólo se ven a pequeña escala. Dos ejércitos a punto de entrar en combate: es fácil representar el número de soldados, su ubicación, su armamento... Pero ¿y las razones de unos y otros para morir?, ¿y el valor y el miedo de un soldado? Es fácil dibujar una calle, pero ¿y un instante de vida en esa calle?...».


Juan Mayorga, El cartógrafo.
gettyimages. yulkapopkova

«Contar historias, contar cuentos. Siempre con la insinuación de que traficas con mentiras. Pero para ella no sería nunca otra cosa que la tarea de llegar a la médula, al meollo, al corazón, al núcleo, al fondo: la empresa de contar la verdad».

Graham Swift, El domingo de las madres.
Traducido por Jesús Zulaika
Norman Lindsay

«Mi tarea consiste en haceros oír, haceros sentir, haceros, ante todo, ver mediante el poder de la palabra escrita. Nada más y nada menos. Si lo logro, os ofreceré algo que satisfará todas las necesidades de vuestro corazón: ánimo, consuelo, miedo, deleite, todo lo que pedís. Y puede que también ese atisbo de verdad que habéis olvidado reclamar».

Joseph Conrad.
Jimmy Lawlor.


«Siempre que en algo tuve un rival o la posibilidad de un rival, me rendí sin dudar. Es una de las pocas cosas de la vida en la que nunca albergué dudas. Nunca me ha permitido el orgullo competir con otros, con la añadidura hedionda de la posibilidad de la derrota. Del mismo modo, nunca he podido jugar a juegos competitivos».
Fernando Pessoa, La educación del Estoico (Único manuscrito del Barón de Teive).
Traducido por Manuel Moya 
 Andrew Wyeth, Soaring. 1950.

«Más allá de las llanuras de franela y de las gráficas de asfalto y de los horizontes inclinados de óxido, y más allá del río de color marrón tabaco resguardado por los árboles llorones y salpicado por las monedas de luz de sol que traspasan sus copas para alcanzar la corriente, hasta el lugar que hay detrás del cortavientos, donde los campos sin cultivar bullen ruidosamente a fuego lento bajo el calor matinal: sorgo, quelite cenizo, lambedora, zarzaparrilla, juncia real, higuera del infierno, menta silvestre, diente de león, zacate, muscadinia, repollo espinoso, solidago, hiedra terrestre, abutilón, hierba mora, ambrosía, avena silvestre, algarroba, rusco, habichuelas asilvestradas y remetidas en sus vainas, todas como cabezas meciéndose suavemente bajo una brisa matinal que es como la suave mano de una madre en tu mejilla. Una flecha de estorninos disparada desde el techado del cortavientos. El centelleo de un rocío que jamás se mueve y que se pasa el día soltando vapor. Un girasol, cuatro más, uno de ellos encorvado, y una serie de caballos a lo lejos que están igual de rígidos y quietos que si fueran de juguete. Todos meciendo la cabeza. Los ruidos eléctricos de los insectos atareados. La luz del sol del color de la cerveza y un cielo pálido y volutas de cirros tan altos que no proyectan sombra. Insectos atareados todo el tiempo. Cuarzo y pedernal y esquisto y costras de contrita ferrosa en el granito. Una tierra muy antigua. Mira a tu alrededor. El horizonte tiembla, sin forma. Somos todos hermanos».


David Foster Wallace, El rey pálido.
Traducido Javier Calvo Perales