Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

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Colette Calascione

«Yo trato de cuidar mi soledad. No es fácil. Pero es imprescindible para trabajar. Tiene mucho de sacrificio, no lo niego, y en ocasiones sí que resulta costoso, pero pintar es mi forma de vivir. Es la manera de llegar a mi verdad».
Sónia Hernández, El hombre que se creía Vicente Rojo.


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Tommy Ingberg

«A las veces resultaba oscuro, oscuro para los demás y oscuro para sí mismo. Era que andaba buscando sus ideas». 

Miguel de Unamuno, Una historia de amor.
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Agnes Boulloche

«En sus libros contaría muchas historias. En sus últimos y negligentes años, empezaría incluso a contar historias sobre su propia vida, de tal suerte que el lector nunca sabría del todo si eran ciertas o intentadas».
Graham Swift, El domingo de las madres.
Traducido por Jesús Zulaika.

«Queremos crecer y extender hacia arriba nuestros troncos y ramas, pero son el suelo y la tormenta los que nos conducen en otra dirección, y cuando el rayo cae en tu copa y te hiende de arriba abajo hasta la raíz, ¡pobre árbol!, ¿qué puedes hacer?»
Friedrich Hölderlin, Hiperión.

Traducido por Jesús Munárriz.
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Cristóbal Toral, La Aduana. 1972.

«Creo que ella sólo quería viajar. Creo que no tenía la menor esperanza de encontrar al que decía que estaba siguiendo. Creo que no tenía la menor intención de hacerlo, aunque todavía no se lo había dicho a su acompañante. Creo que era la primera vez en su vida que se encontraba tan lejos de su casa, a una distancia demasiado grande para que pudiese regresar antes de la puesta del sol. Y que hasta entonces se las había arreglado muy bien, porque encontró a personas que se preocuparon por ella. Creo que, si se había decidido a ir un poco más lejos, a ver todas las tierras que pudiese, era porque sabía muy bien que, en cuanto se estableciese en algún sitio, probablemente sería para el resto de su vida. Eso es lo que yo creo».
William Faulkner, Luz de agosto.

Traducido por Enrique Sordo.

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Li guijun

«Nosotros ya no deberíamos estar asustados. Pertenecemos a una generación para la que todo iba a ser posible. Ningún tren iba a atropellar más a ningún niño en las vías de debajo del puente de hierro».
Sònia Hernández, El lugar de la espera.

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Steven Kin

«Pero ahora comprende la razón —piensa Byron—. Es porque el hombre teme más a lo que pueda sobrevenirle que a los sufrimientos que ya ha padecido. Prefiere aferrarse a los sufrimientos que ya ha padecido para no arriesgarse a un cambio. Sí. Un hombre hablará de su deseo de escapar a los vivos. Pero los más peligrosos son los muertos. Porque de los muertos no se puede escapar; de los muertos que yacen tranquilamente en alguna parte y que no tratan de retenerlo». 
William Faulkner, Luz de agosto

Traducido por Enrique Sordo.
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Robert Delaunay, Formas circulares. 1930.

«He aquí el misterio. Nadie sabe a qué lugar
nos conducirán estas manchas que dan la vuelta
sobre sí mismas y se enroscan persuasivas
como las frases de Onetti,
hasta que después de degustarlas pacientemente
aparece la claridad».

Javier García Cellino, Famélica legión.

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Aykut Aydogdu

«Las sombras irreales os velan vuestra vista,
haciendo que creáis que habrá una recompensa.
¡No! La muerte concluye la vida y el placer,
y aquel que en este mundo sólo ha sufrido penas
nada encuentra, los muertos no son más que muertos».
Mihai Eminescu, Emperador y proletario.

 Traducido por Rafael Alberti y María Teresa León.
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Julie de Waroquier


«Comparto con Edmond Jabès una idea: quien escribe un libro se compromete con la eternidad. Aunque lo arroje al fuego, alguien sabrá recomponer sus cenizas».
«(El libro de las habitaciones, 1998)».

Alex Chico, Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de postdatas.
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Julie de Waroquier

«Imagina lo que es el tiempo para el beduino que viaja sobre su camello a través del desierto del Sáhara, o para el marinero vasco que pesca bacalao en alta mar, o para el campesino griego que cultiva su viñedo o, por qué no, para el santo de la leyenda que pasó sin darse cuenta doscientos años escuchando el canto de un pajarillo. El tiempo para ellos es el ritmo natural de las mutaciones. La primavera, la noche, los cambios de la luna, la caída de las hojas, el invierno, el viento del sudeste. El tiempo tiene miles de rasgos, y no se mide exactamente, sino a través de múltiples mutaciones naturales, sociales y personales».

Joseba Sarrionandía, No soy de aquí.
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Julie de Waroquier

«Se habían matado por nuestros bosques moribundos, por los manatíes que mutilban las hélices cuando se asomaban al agua para beber de las mangueras de los jardines, por montañas de neumáticos viejos más altas que las pirámides. Se habían matado por la imposibilidad de encontrar un amor que ninguno de nosotros ha encontrado jamás. Al final, la tortura que había destrozado a las hermanas Lisbon indicaba una renuncia razonada a aceptar el mundo tal y como se les concedía, tan llenos de defectos». 

Jeffrey EugenidesLas vírgenes suicidas. 

Traducido por Roser Berdagué
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Irena Swanson
«Los científicos más competentes son aquellos que piensan como poetas —de vasto alcance, a veces fantasiosamente— y trabajan como contables».
Edward O. Wilson, El sentido de la existencia humana.


Traducido por Xavier Gaillard Pla.
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Antonio Mora

«La mente es su propio lugar, y puede hacer en ella
un cielo del infierno, y del infierno un cielo».

John Milton, Paraíso perdido.
Traducido por María Tausiet.
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Valbuena

«Sherezada tenía la vida asegurada mientras contase una historia nueva cada noche. Algo parecido les ocurre a alguno de nosotros: deben seguir escribiendo e inventando historias para que no les alcance el silencio del que puedan nacer las palabras que dirán todo aquello de lo que no queremos hablar».
Sònia Hernández, El lugar de la espera.
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Cosma Andrei


La estación perpetua

«El invierno se fue. ¿Qué habré perdido?
¿Qué desapareció, con él, de mi conciencia?

(Esta preocupación -seguramente absurda-
por conocer aquello que nos huye,
me obliga a convertir el aire frío
en pensado cristal sobre mi piel pensada,
y a convertir la gloria entristecida
de los húmedos días invernales
en la imposible luz que su concepto irradia;
esta preocupación, en fin, tiene la culpa
-y qué confuso y dulce me parece-
de que duerman en mí los árboles dormidos.)

El invierno se fue, pero nada se lleva.
Me queda siempre la estación perpetua:
mi mente repetida y sola».

Antonio Cabrera, En la estación perpetua.

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Beatriz Meneses

«He creado mi obra por eliminación y toda verdad adquirida nacía únicamente de la pérdida de una impresión que, habiendo destellado, se había consumido y me permitía, gracias a sus timbres despejados, avanzar más profundamente en la sensación de las Tinieblas Absolutas. La Destrucción fue mi Beatriz». 
Stéphane Mallarmé.
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Évariste Galois

«¡No llores, Alfred! Necesito todo mi coraje para morir a los veinte años». 
Évariste Galois.

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Rama Krisna Mukti Adi3

«Salgo a buscar por millonésima vez la realidad de la experiencia y a forjar en la fragua de mi espíritu la conciencia increada de mi raza».
James Joyce, Retrato del artista adolescente.

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Marc Chagall, Equestrienne. 1931.

«Echó una ojeada a unas pocas entradas tachadas y volvió a guardar la libreta en el cajón. Tal vez el amor no podía encerrarse en una definición; solo se podía encerrar en un relato».

Julian Barnes, La única historia.
Traducido por Jaime Zulaika.

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Li guijun
«Siempre que en algo tuve un rival o la posibilidad de un rival, me rendí sin dudar. Es una de las pocas cosas de la vida en la que nunca albergué dudas. Nunca me ha permitido el orgullo competir con otros, con la añadidura hedionda de la posibilidad de la derrota».  
Fernando Pessoa, La educación del estoico.

Traducido por Manuel Moya.

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Tommy Ingberg

«Una vez en posesión de la fórmula (técnica) y cogido el tono (estilo), lo difícil no es hacer una novela larga, una novela río, sino decir lo que queremos decir con el menor número de palabras posibles».
Miguel Delibes, Un año de mi vida.



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William Turner, The Shipwreck. 1804.

«Inventar el barco de vela o de vapor es inventar el naufragio; inventar el tren es inventar el accidente ferroviario del descarrilamiento; inventar el automóvil particular es producir el choque en cadena en la autopista».
Paul Virilio, El accidente original.
Traducido por Irene Agoff.

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Caspar David Friedrich, Two Men Contemplating the Moon.

«La gente aguantaba que les mordiera un lobo pero lo que verdaderamente les sacaba de quicio era que les mordiera una oveja».
James Joyce, Ulises.

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Rafal Olbinski
«Miro hacia atrás y me acomete un profundo cansancio. Haber tenido que superar tantas dificultades para conseguir el actual estado de soledad me ha dejado extenuada. Sin embargo, es justamente gracias al cansancio que me siento viva». 
Elisa Rodríguez Court, La fiesta del tedio.

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Balthus, Katia lisant. 1974.

«La lectura fue tu verano. La lectura sería, a partir de entonces, todos tus veranos. No habría otros. Y también las demás estaciones del año, con sus correspondientes balnearios de sol y sus palmerales de letras. Tú mismo eras un pino solitario». 
Eloy Tizón, Herido leve.
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Seattle Central Library

«Y también me di cuenta de que si uno observaba bien aquella biblioteca de Seattle, podía ver que parecía anunciar la estructura compleja y rara de las novelas del futuro, porque el asombroso edificio se alzaba en base a formas imprecisas, desconectadas, inconclusas y sin la menor armonía, carente de cualquier lógica visual…». 
Enrique Vila-Matas, Cabinet d´amateur, una novela oblicua.

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zPiano

«En medio de tantos desastres, había tenido la fortuna de vivir holgadamente, con esa holgura económica que, sin embargo, deja todo el tiempo al sufrimiento, le da horas y horas a éste para que crezca incluso en medio de la más sublime música, de la novela más bella o más terrible».

Mary Ann Clark Bremer, Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos.
Traducido por Hugo Bachelli.
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Quint Buchholz

«Existe un culto a la ignorancia en los Estados Unidos: siempre lo ha habido. La presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que la democracia significa que "mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento”». 

Isaac Asimov.


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Li guijun

«Cuidado con caerte con la vanidad al mar, remató ella, y ese fue su modo de despedirse: parecía tener prisa; algún enamorado esperándola en el Marítim».

Enrique Vila-Matas, Esta bruma insensata.

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Rama Krisna Mukti Adi

«La mayor parte de los problemas del mundo se debe a la gente que quiere ser importante. Bendito el hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarlo con sus palabras».

T. S. Eliot.

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www.iauthor.uk.com

«Mi política puede resumirse en el intento de apoyar a cualquier orden social capaz de reducir, siquiera marginalmente, la cantidad de odio y de dolor de la existencia humana. De garantizar la intimidad y un espacio para la excelencia. Me considero un anarquista platónico».

George Steiner, Errata.
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Zapista Zapista, Dead zone.

Lo fatal
«Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...».
Rubén Darío.
Edward Hopper, Interior (Model Reading). 1925.

«Procuro ayudarme de un cuaderno donde anoto citas robadas de los libros. Me inspiro en ellas. A veces las uso y no menciono sus fuentes. Va siendo hora de cobrarles, como lectora empedernida que soy, algún peaje a los escritores».

Elisa Rodríguez Court, La fiesta del tedio.
Rama Krisna Mukti Adi

«En esa ansia por absorber, o por enviar a mi archivo todo tipo de frases aisladas de su contexto, seguí el dictado de los que dicen que un artista lo absorbe todo y que no hay uno solo de ellos que no esté influenciado por algún otro, que no tome de algún otro lo que le pueda hacer falta».
Enrique Vila-Matas, Esta bruma insensata.


«En cuanto se les metió en la cabeza que no era mi cadáver, se comportaron exactamente igual que un crítico literario, el cual, tan pronto como ve un libro de un autor por el que no siente simpatía, decide que el libro no vale nada y se pone a construir lo que haya pretendido construir, siempre basándose en esa primera y gratuita suposición».


Vladimir Nabokov, Desesperación.
Traducido por Enrique Murillo. 

Li Guijun

«Temo a la persona de pocas palabras.
Temo a la persona silenciosa.
Al sermoneador, lo puedo aguantar;
Al charlatán, lo puedo entretener.

Pero con quien cavila
Mientras el resto no deja de parlotear,
Con esta persona soy cautelosa.
Temo que sea una gran persona».
Emily Dickinson, El viento comenzó a mecer la hierba.

Traducido por Enrique Gaicolea.
Tomas Krutak
«—Mucha gente ha dicho que lo han visto.
—No lo dudo. Hay gente que podría ver a Moby Dick en Times Square».
Rachel Ingalls, La señora Caliban
Traducido por Carles Andreu.
 
Rama Krisna Mukti Adi.

Biografía
«una palabra
como el fantasma que asusta
y huye resbaladizo
―a veces se ríe como el niño que sabe que sus padres
lo buscan y no consiguen encontrarlo―

una montaña
que crece y crece
se hace forastera
hermana y enemiga
infinita

un halo de luz
o el simple destello

   que surge de una mano que comienza a escribir».
María Sánchez, Cuaderno de campo.
 
Johann Fournier, La Jetee. 2019.

«Voy perdiendo la memoria
y olvidando todas las palabras...
Ya no recuerdo bien...
Voy olvidando... olvidando... olvidando...
Las palabras se me van
como palomas de un palomar desahuciado y viejo
y sólo quiero que la última paloma,
la última palabra, pegadiza y terca,
que recuerde al morir sea ésta: Perdón».
 León Felipe, Perdón.
Janine Antoni, Touch. 2002.

«Nadar en tierra, andar en agua, volar en fuego, parar en aire son los milagros propios del poeta».
Juan Ramón Jiménez, Aforismos.



Ikenaga Yasunavi

«Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una súplica: búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso».
 Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel.

René Magritte, The Encounter (1926).

«Todas las presentaciones de libros tienen algo de funeral: a ellas acuden los mismos amigos que acudirían si el escritor, en lugar de publicar un nuevo libro, se hubiera muerto. Incluso la oratoria tiene algo de sermón: da igual que se reúnan en torno a una novela erótica o en torno a una biblia, al final todos los asistentes estarán pensando en sus cosas sin atender mucho a lo que se dice».
Ricardo Reques, La rana de Shakespeare.
René Magritte. The Double Secret, (1927).

«Mas acontece que nosotros somos, no sé por qué causa, dobles en nuestra naturaleza, lo cual da margen a que aquello que creemos no lo creamos realmente y que no podamos desechar lo que condenamos».

Michel Montaigne, Ensayos.
Rafal Olbinski

«Salí con paraguas, convencido de que llovería, y caminé un buen rato bajo un cielo gris de hielo, muy encapotado. A cierta distancia ya del caserón, noté que me sentía otra persona, y hasta llegué a intentar silbar una canción ligera y algo desesperada, cuya letra, estando yo sin el archivo, extraje, con la ayuda de mi memoria, del poema “Booz dormido”, de Victor Hugo:
“Estoy solo, soy viudo y sobre mí cae la tarde”».
Enrique Vila-Matas, Esta bruma insensata.
Lawrence Alma-Tadema. Favourite Poet: ancient Roman woman reading a scroll of poems.

«Preguntas, Lesbia, cuántos besos tuyos
me serían bastantes y de sobra.
Tantos como la arena que de Libia
yace con laserpicios en Cirene,
entre el ardiente oráculo de Júpiter
y el sepulcro del viejo y sacro Bato;
o tantos como estrellas que contemplan,
cuando calla la noche, los amores
furtivos de los hombres. Tantos besos
a este loco le bastan y le sobran:
que no puedan contarlos los mirones
ni echarles maldiciones envidiosas».
Catulo.
Daniel Zafra

«Antes de que la aurora boreal aparezca, las sensibles agujas de las brújulas de todo el mundo se pasan varias horas inquietas, se agitan sobre sus pivotes en aviones y barcos y tiemblan dentro de los cajones de los escritorios, en los desvanes, metidos en cajas sobre las estanterías».
Annie Dillard, Una temporada en Tinker Creek.


 Traducido por Teresa Lanero Ladrón de Guevara.
Dora Maar, Sans Titre (Main-coquillage), 1934 ©.

«Sobre la superficie de su escritorio descansa, en recuerdo a Métilde, una impresión de yeso de su mano izquierda con la que felizmente había conseguido hacerse poco antes del descalabro, como a menudo piensa cuando escribe. Esta mano significa para él casi tanto como lo que Métilde le hubiera podido significar. En especial es la ligera encorvadura del dedo anular lo que le produce emociones de una intensidad que hasta ahora no había experimentado».

W.G. Sebald, Vértigo.
Traducido por Carmen Gómez García.
Vincent Paul Yong

«Hoy parece usado el mar,
como la estampa
que guardo en el bolsillo,
usados esos buques que la bruma
vuelve muebles, ramas, cuerdas.
Mientras las barandas brillen
y los niños corran por sus tablas,
todo será bueno. Pero es mejor acostumbrarse
cuanto antes al vicio de la herrumbre,
a las jeringas, al vaivén del oleaje,
hasta ver aparecer al barrenero
y el mar recobre entonces
lo que es suyo».
Violeta C. Rangel. La posesión del humo.